No habría filiación, no se estratificaría el ser humano, y solo existiría un compadrazgo, sin liderazgos .
La Administración de Dios programó un sacrificio edipico (la muerte de un hijo inocente, y expiación de los pecados de todos los seres humanos, que como hijos también, ofendieron al Padre, algo asì como ese pecado original llamado "parricidio", el que propicia el orden social, y que puede interpretarse como una venganza parental), del cual el Nuevo Testamento hace una completa renovación y acercamiento de la humanidad a Dios, tras el misterio de la Encarnación. Si Cristo trajo la paternidad de Dios, es el momento de superar la época de competencias y avanzar a una amistad. En consecuencia, se descompondría la Santísima Trinidad y queda todo un pueblo huérfano, pero con individuos, condenados a formarse por si mismos hasta desaparecer por y para sí mismos. Ya no habría ojo mirón, ni juzgador, ya no habría prohibición que a la vez procura la transgresión de la norma, ya no habría a quien rogarle favores, y sencillamente el incesto pasaría a ser consumado sin el menor remordimiento. Pero, ¿cómo Jesús se hizo Hijo de Dios? ¿Por medio del Espíritu Santo? Jesús plenamente comió y bebió el cuerpo y la sangre de su Padre.
La invención del Padre en la Trinidad, significa el círculo vicioso por excelencia, de hacer eterna La Ley tras su violación, y convertirse de nuevo en fuente de deseo y poder cimentar el pecado como motor de la iglesia de hoy y de siempre.
No en vano se posiciona el dogma de la Resurrección y la culpa por asesinato, que declara en un fallo eterno "culpable" a todo aquél que nace de una mujer. Es por ello que la filiación estratifica a cada individuo, lo vuelve bajo o alto, sumiso o rebelde.
Pero también trae unas ventajas que muy a menudo no son descritas en los discursos pastorales; el ser hijos de Dios, hace partícipes de una misma naturaleza y herederos de todo cuanto posee el Padre: Todos somos dioses.
No en vano se posiciona el dogma de la Resurrección y la culpa por asesinato, que declara en un fallo eterno "culpable" a todo aquél que nace de una mujer. Es por ello que la filiación estratifica a cada individuo, lo vuelve bajo o alto, sumiso o rebelde.
Pero también trae unas ventajas que muy a menudo no son descritas en los discursos pastorales; el ser hijos de Dios, hace partícipes de una misma naturaleza y herederos de todo cuanto posee el Padre: Todos somos dioses.
La idea de origen, nubla la imagen de identidad, el Yo Soy queda en vilo. El padre masturba al ser, no lo deja a si mismo, sino que lo transfiere y lo vuelve ajeno. La absolutizaciòn también ha de tener un retorno a si, diversificarse y salir de lo áspero que se vuelve el contexto.
¡Parricidio! Dirían algunos. Y el mismo Principio.
Homo Adán Sapiens
Medellìn, 16 de Enero de 2015
A las 12:06 M.
