Nos enseñaron a valorar lo que es necesario para el Estado, y a subvalorar lo que es necesario para el individuo en sociedad. Hoy eres y soy un Producto, destinado a la utilidad; Sé Útil.
Aprendimos que primero hay que tener casa para sentirnnos seguros, y después de tenerla, ya puedes ser tú o yo...Yo no tengo, no tengo seguridad de lo que soy. Eres en cuánto Tienes.
Yo como individuo valgo ante el Estado, en cuánto soy necesario para que persista, por ello debes buscar la felicidad en lo que para El es productivo.
Luego vas a la iglesia los domingos, vas a dar las gracias por lo que tienes, debes ser agradecido, pues, ¿cuántos hay que no tienen lo que tú?. Vuelve y juega el que tengas, la carne es débil, una carne desitnada a la simplicidad de la existencia, cuándo quiero crearme un Dios que trascienda este plano absurdo, en el cuál encontrar descanso, pero no puedo, hay que pagarle. Si, mi ambición no es de dinero, no tengo ambiciones. ¡Qué vida tan simploreta!
Creo fervientemente en una iglesia que no tenga que dar las gracias por nada, que no le debe nada a nadie, que no tiene que ayudar a nadie, porque nunca cambiaría este feliz momento en el que escribo, por la intranquilidad de tener mil millones de dólares.
Homo Adán Sapiens
Medellín, 30 de Septiembre de 2015
A las 11:03
