El origen de los impuestos no es sagrado. Y el diezmo es el impuesto por excelencia. Nadie conoce a dios y por lo mismo es un negocio muy rentable. Un personaje que hace de ventrílocuo con un muñeco "invisible", en un sitio para recaudar dinero mediante ideología nada más, es muy brillante. Pero no escribo en contra de nada, pues no faltaba mas, no poder disfrutar de las dádivas que el señor en su perfecta providencia reconoce a sus siervos a través de diezmos y ofrendas; es realmente admirable lo que la necesidad puede lograr para prevalecer por encima de la libertad. Porque, hermanos, el miedo fue lo que nos hizo caer, y por lo pronto, la culpa es el material con el que trabajan estas personas, mintiendo en nombre del señor; son inteligentes porque se deshacen de escrúpulos (también impuestos) que les sobran a otras personas. Resulta entonces, que es muy difícil sostener el poder cuando te cae como un baldado de realidad en la cabeza, que de un momento a otro, el privilegio de acceder a fondos a los cuales antes no tenías acceso te descalabra el deseo, y te ves en una pequeña cima, ya no le tienes que rendir cuentas a nadie, y ahora es a ti a quien hay que tenderle el tapete rojo; todo un emperadorcito. Esto equivalente a la cantidad de sapos que te tienes que tragar y los que te faltan; sabes demasiado, secretos que por lo demás, son los que te sostienen y que te darán de comer por un tiempo. Porque, los primeros semestres son para aprender a gastar, los otros son para aprender a administrar, sostener y hacer crecer, talento que a muchos nos fue negado. Entonces es cuando hay que sacar las dotes de discreción y procurar tener varios puntos en consideración, como que por ejemplo en las comunidades humanas sobre todo, altamente jerarquizadas, la mejor energía para promover el dinamismo es la envidia y el egoísmo, y dentro de las iglesias, es bastante común. Entonces el ambiente se torna pesado, se oyen murmuraciones, porque de un momento a otro se ven alianzas extrañas, viajes y las facilidades que en otrora pues se veían un poco difusos; es imposible no ver que se está en la base de la pirámide que sostiene la cúspide, como en cualquier negocio vulgar, y no de una comunidad que depende realmente de Dios.
